Publicado: 9 de Octubre de 2017

Tradicionalmente para ir al psicólogo había que estar “loco” o “enfermo” o “tener un problema grave”; y era un tabú reconocer que se acudía a terapia pero, poco a poco, esta forma de ver la psicoterapia va cambiando y cada vez más gente recurre a un profesional de la psicología, incluso cuando no está pasando por un momento difícil.

La Organización Mundial de la Salud (también conocida por sus siglas: OMS) define el concepto de salud como un estado que engloba el bienestar físico, mental y social y no como la mera ausencia de enfermedad; así pues, la psicoterapia puede ayudar a conseguir que una persona se sienta plena en la esfera psicológica, mental y social, permitiéndole encontrar y potenciar aquellas capacidades o habilidades personales y sociales necesarias para afrontar las diversas circunstancias de la vida cotidiana.

¿Por qué acudir al psicólogo?
Hay muchas buenas razones para recurrir a la psicoterapia, entre ellas: 

• Las sesiones son un momento en el que hablar de uno mismo. En la sociedad actual, el ritmo de vida es frenético, la prisa y el estrés son elementos habituales en nuestra vida y, después de trabajar, de dedicar horas al cuidado doméstico o de cubrir las necesidades de las personas que tenemos a nuestro cargo, queda muy poco tiempo para dedicarlo a nuestro propio cuerpo y mente. Por ello, es muy recomendable tener una buena red de apoyo externo (amigos, familia, compañeros…) que permita desahogarse y recibir cariño y ánimo. Sin embargo, hay ocasiones en las que hablar de lo que a uno le ocurre puede preocupar a personas cercanas o puede ser complicado por temor a ser juzgado o avergonzado. Si no se encuentra apoyo emocional ni un espacio para hablar de las preocupaciones, de lo que se piensa, se siente o se desea, se entra en estados ansiosos y depresivos, se deja de disfrutar de la cotidianidad, experimentando apatía y soledad. Es en ese momento cuando el papel del psicólogo es tan importante, pues se trata de un profesional que escucha sin juzgar y brinda un espacio en el que reflexionar sobre la propia vida o en el que expresar todas aquellas cuestiones que le estén afectando o que, simplemente, “le rondan la cabeza”.

• Sirve para tomar conciencia de nuestras preocupaciones. Al poder hablar sin miedo, se puede poner nombre a aquello que genera malestar y se puede comenzar a plantear qué estrategias y acciones poner en marcha para superar la dificultad o para crecer a nivel personal ( y, a veces, a nivel social y laboral) y cumplir los objetivos que cada individuo desee lograr.

• Nos ayuda a gestionar nuestras emociones, pensamientos y comportamientos. Cuando se acude a terapia, se trabaja sobre uno mismo, así, las personas empiezan a conocerse y saber como reaccionan a los acontecimientos que tienen lugar en su día a día y aprenden nuevas herramientas o formas de afrontar estas situaciones cotidianas con mayor facilidad y satisfacción, creando y potenciando las fortalezas personales.

• Nos ayuda en la toma de decisiones. Como consecuencia de todo lo anterior, la toma de decisiones (vitales o no) es mucho más sencilla.

• Puede detectar un problema menor en una fase inicial y evitar el efecto “bola de nieve”
En definitiva, la psicoterapia no sólo ayuda a resolver problemas, sino que, además, permite el desarrollo personal en diversas áreas y una mejor adaptación al entorno, además de poder convertirse en una costumbre muy gratificante y liberadora.